Comida Saludable

¿Agua con gas o sin gas?

La ciencia detrás de una elección burbujeante

En un mundo donde las opciones parecen infinitas hasta en lo más simple, como el agua, surge una pregunta común pero poco explorada: ¿es más beneficiosa el agua con gas o el agua sin gas? Aunque ambas tienen como base el H₂O, sus diferencias pueden influir en nuestra salud, digestión y hasta en nuestros hábitos alimenticios.

El agua sin gas: la clásica aliada de la salud

El agua natural o sin gas ha sido siempre la protagonista de las recomendaciones médicas. Su principal ventaja es la neutralidad: no contiene sodio añadido, no irrita el estómago y es ideal para mantenerse hidratado en cualquier contexto.

“Es la opción más segura para personas con problemas gástricos, como el reflujo o úlceras”, explica la nutricionista Carla Moreno, en un informe de Health Harvard Edu. Además, es esencial para regular la temperatura corporal, mantener la piel hidratada y favorecer el funcionamiento de los riñones.

Agua con gas: más que burbujas

Por otro lado, el agua con gas ha ganado popularidad como una alternativa refrescante, incluso para quienes buscan dejar los refrescos azucarados. Contiene dióxido de carbono (CO₂), que le da ese efecto burbujeante, y puede presentarse sola o con minerales añadidos, como el sodio o el magnesio.

Varios estudios sugieren que el agua con gas puede ayudar en la digestión y aliviar el estreñimiento. “Las burbujas estimulan la producción de jugos gástricos, lo que puede facilitar la digestión tras comidas copiosas”, señala el gastroenterólogo Juan Pablo Rey, de Mayo Clinic.

Además, algunas investigaciones indican que puede aumentar la sensación de saciedad, lo que la convierte en una opción interesante para quienes buscan controlar su peso.

¿Y los contras?

El agua con gas no es para todos. Personas con síndrome del intestino irritable o propensas a la hinchazón pueden experimentar molestias abdominales. También, algunas aguas con gas contienen sodio añadido, lo que puede ser contraproducente en dietas bajas en sal.

En contraste, el agua sin gas carece de estas complicaciones, aunque para muchos resulta menos atractiva, lo que puede llevar a una menor ingesta diaria.

¿Cuál elegir?

No hay una respuesta única. Si no tienes problemas digestivos ni restricción de sodio, el agua con gas puede ser una excelente opción ocasional o parte de tu rutina. Si buscas lo más simple y sin efectos secundarios, el agua sin gas es tu mejor apuesta.

Lo más importante, según los expertos, es mantenerse hidratado. “Más allá de las burbujas, lo fundamental es que las personas beban suficiente agua todos los días”, concluye la nutricionista Moreno.

Tanto el agua con gas como la sin gas tienen beneficios, y la elección depende de tu cuerpo, tus hábitos y tus preferencias. Lo esencial es no olvidar que, con o sin burbujas, el agua sigue siendo vida.

Fuentes

mayoclinic.org y health.harvard.edu

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